lunes, 24 de noviembre de 2025

86- La historia del príncipe Kamaralzamán y la princesa Budur (Continuación)

 

¡Hola a todos! 👋

Esta semana estamos listos para sumergirnos de lleno en un nuevo capítulo de la fascinante historia que nos trae Scherezade: la del príncipe Kamaralzamán y la princesa Budur.  Y les adelanto, ¡esto promete drama del bueno! 🍿 🔥

El príncipe Kamaralzamán, se ha formado una opinión… digamos… particular de las mujeres gracias a sus lecturas. El resultado: ¡se niega rotundamente a contraer matrimonio! 🙅‍♂️ Su madre, a pedido del sultán (¡ya sabemos cómo son las madres!), ha intentado hacerle ver que su postura es un poco… exagerada. Vamos, que no puede juzgar a todas las mujeres por igual. Además, le recuerda que, si se deja influenciar tanto por los libros, también debería considerar a aquellos reyes, sultanes y príncipes que han causado un daño tremendo, que han sido tiranos y responsables de horribles barbaridades. Pero nuestro príncipe, ¡es más testarudo que una mula! 🐴 Siempre encuentra un contraargumento para reafirmar su aversión al matrimonio por culpa de las mujeres.

Y esto me lleva a una reflexión que me da vueltas en la cabeza desde hace tiempo: ¿cuántas veces nos mandamos la frase "todos los hombres son iguales" o "todas las mujeres son iguales"? 🤔Puede que haya similitudes en un mismo género, pero en cuanto a caracteres, temperamentos, emociones… ¡ahí es donde la cosa se pone interesante! Empezamos a ver rasgos que nos diferencian dentro del mismo sexo. Pero lo que más me llama la atención es cuando esa generalización nace exclusivamente de lo que leemos o escuchamos.  Aun cuando pudiera completarse por experiencias previas, también cabe preguntarse si tenemos tendencia a escoger personas con rasgos similares que causan daño.

También en momentos de dolor, enojo, cuando nos sentimos engañados o violentados emocional o psicológicamente, tendemos a ver esos aspectos que pudieran tener en común y terminamos pensando (o sintiendo) que son todos iguales, como si tuvieran una especie de "clon interno".

Y sí, no hay que menospreciar esos momentos en los que pensamos que todas las personas del mismo género son iguales. Pero al hacer eso, sin darnos cuenta, nos estamos negando (en medio del dolor o la frustración) el hecho fundamental de que cada ser humano es único y podemos perdernos la oportunidad de conocer a personas maravillosas, independientemente de su sexo, personas que nos complementan y nos hacen crecer.

Pero también tenemos que considerar que a veces podemos tener patrones de conducta repetitivos que nos llevan a relacionarnos con personas parecidas en ese tipo de comportamiento que nos hace sufrir. Puede que no sean idénticos, pero sí semejantes en algunos aspectos. Ante esto, lo primero (a mi parecer) es reconocer que tenemos esa tendencia a relacionarnos con personas con características parecidas. Si no hace daño, esa predisposición, ver la posibilidad de pedir ayuda a un especialista que nos ayude a sanar, a entender por qué terminamos involucrándonos con personas tóxicas. También es importante aprender a cuidarnos, a priorizarnos a nosotros mismos ante situaciones de riesgo emocional, ¡sin que eso signifique aislarnos del mundo! 🌍

Los libros enseñan, nos abren a otros mundos y nos muestran nuevas perspectivas. Nos dan conocimiento, ¡claro que sí! Pero todo ese conocimiento, sin vivir la vida, sin ganar experiencias propias, nos deja sin la sabiduría de lo vivido. Nuestras opiniones, entonces, pueden terminar siendo solo una repetición de lo que otros escribieron, y que no siempre está basado en experiencias reales, como le sucede al príncipe Kamaralzamán.

Y ahora, sin más preámbulos, les dejo el link al episodio de esta semana. ¡Espero que lo disfruten! 👇

https://open.spotify.com/episode/3LNlTggdY1Gzx9ekCb5R1U?si=dUzA9tRjR3KkUjZRxudoFA

 

Espero que nos volvamos a encontrar la próxima semana. ¡Hasta entonces! 😊

lunes, 17 de noviembre de 2025

85- La historia del príncipe Kamalzaman y la princesa Budur

 

¡Hola, mis queridos oyentes de "Las mil y una noches" y lectores de este blog! ¿Cómo los trata la vida? La semana pasada, Scherezade nos terminó de narrar la historia de Alí Nadur y la hermosa persa.  No se preocupen, que la magia continúa. Hoy, nos adentramos en un nuevo relato: el del príncipe Kamaralzamán y la princesa Budur. No les voy a spoilear el primer episodio, ¡pero créanme, la historia promete!

Hoy quiero compartirles sobre algo que me ha estado rondando la cabeza desde que terminé de leer la historia de Alí-Nadur y Dulce Amiga. Sí, tuvo un final feliz, ¡y eso es genial! Pero me dejó pensando: ¿qué pasa con esas personas que dicen "no, gracias" al poder y a la autoridad?

Alí-Nadur, por ejemplo, rechazó el trono de Basora, no porque no le gustara el oro (¡a quién no!), sino porque esa ciudad le traía recuerdos amargos, de las penurias que ahí había sufrido. No pensó en la oportunidad de recuperar su poder y hasta amasar más riquezas de las que había perdido por malas decisiones y por confiar en los falsos amigos. ¡Prefirió quedarse en Bagdad!

A lo largo de mi vida, me he topado y también he escuchado de personas que han rechazado aceptar puestos que les habría dado poder, estatus, acceso a bienes y, en general, una situación económica envidiable. Y ojo, no es que quisieran imitar a San Francisco de Asís, o a las monjas carmelitas descalzas. ¡Por supuesto que deseaban una buena situación económica y poseían la fuerza y decisión de trabajar duro para conseguirlo, pero en algo que les permita sentirse bien consigo mismos!

A veces, lo rechazan porque no se creen capaces para el cargo, o porque su propia personalidad no los haría buenos líderes. Se conocen a sí mismos y reconocen que, en un puesto de poder, harían más mal que bien. ¿Me creen que existen personas así? ¡Pues claro que sí!

También pienso que muchos conocemos a ese tipo de seres que, sin más mérito que tener contactos influyentes, acceden a posiciones para las que no están ni calificados ni cualificados, pero aceptan con gusto el estatus y la mejora económica que conlleva. He conocido y vivido de cerca a ese tipo de personajes, y son castrantes en todos los sentidos: en lo práctico, en lo profesional, y hasta en lo intelectual. Porque para ellos, "autoridad" significa "imponer", incluso cuando se les advierte que aquello que están ordenando no es conveniente y que causará problemas mayores.

Consciente o inconscientemente saben que no están ahí por méritos propios.  Suelen sentirse menospreciados por los demás.  Para ellos poder no es convencer es imponer autoridad sin cuestionamientos. ¡Total, si las cosas salen mal, la culpa es de los subordinados! Porque este tipo de personas jamás defiende ni respalda a su equipo, ni reconocen sus carencias intelectuales, o técnicas. ¡Uf, qué tema!

Pero volviendo a aquellos que rechazan esos puestos de poder y autoridad, por las razones que sean no los veamos como perdedores. ¡Están optando por tener éxito en aquello en lo que realmente se destacan! Y créanme que incluso pueden ser muy autoexigentes, rayando en el perfeccionismo, y saben que eso no siempre facilita la vida a quienes dependen de ellos. A pesar de todo, eligen una mejor calidad de vida mental y emocional, sabiendo que así podrán manejar mejor las tensiones de la vida, tanto en el ámbito profesional como en el familiar.

¿Qué se puede hacer con aquellos que optan aceptar puestos para los cuales no tienen las competencias necesarias? En mi experiencia, no mucho, mientras exista alguien con poder que lo respalde. Salvo, como en el caso que me tocó presenciar, en que empresa estaba en etapa de reorganización, se hicieron evaluaciones, planificaron cambios en cargos, se contrataron asesores, psicólogos, etc. Todos los subordinados tanto directos, como indirectos, al saber que al personaje en cuestión le iban a dar más poder, reclamaron como si fueran una sola voz.  Hablaron con los asesores, los psicólogos, encargados de la reorganización. En consecuencia, no le dieron un cargo mayor, y le quitaron la jefatura, pero si le conservaron el jugoso sueldo.  Hoy, según supe, él es feliz como una lombriz, no haciendo nada dentro de la empresa, pero con sueldo de jefe, para infelicidad de los que hacen el trabajo por él. En fin, no se ganan todas, pero las cosas funcionan mucho mejor.

De momento, los invito a pasar un rato escuchando la nueva historia que nos trae la sultana Scherezade:

https://open.spotify.com/episode/63B6Mfqt3pEzgut54H2hBZ?si=K8b_-bqXRTq-pc1u81DQrA

 😉

¡Espero sus comentarios! ¡Hasta la próxima!

lunes, 10 de noviembre de 2025

84- La historia de Dulce Amiga y Alí-Nadur (conclusión)


¡Hola a todos! ¿Cómo andamos? Espero que de maravilla y con los oídos bien afinados porque hoy les traigo el final, el gran finale, de la historia de Dulce Amiga y Alí-Nadur. ¡Así es! Ya pueden encontrar el desenlace haciendo clic al final de esta página.

Pero antes de que corran a escuchar, quiero compartir con ustedes una reflexión que me surgió a raíz de este embrollo palaciego. Resulta que el califa, enterado de todo el drama de los jóvenes enamorados, ¡ha enviado de vuelta a Basora a Alí-Nadur con una carta bomba! En ella, ordena ni más ni menos que el sultán ceda el trono a nuestro joven héroe. ¡Imaginen la cara del sultán!

El pobre soberano, más pálido que un fantasma, le muestra la carta a su fiel (o no tanto) visir, El-Mohín. Y aquí es donde la cosa se pone turbia, amigos. El muy astuto El-Mohín, aprovechando un descuido, ¡elimina el sello del califa! Y no solo eso, sino que convence a todos de que el documento es falso. ¡Qué nivel de intriga!

Todo este tejemaneje me hizo pensar en lo increíblemente difícil que es ceder el poder. Y da igual si hablamos de una miguita de autoridad o del control absoluto del universo. Parece que hay algo en la naturaleza humana que nos impulsa a aferrarnos con uñas y dientes a lo que creemos que es nuestro.

Y a ver, entendámonos, hasta cierto punto lo comprendo. Pongámonos en los zapatos del sultán. Lleva años gobernando, tomando decisiones difíciles, sintiendo el peso de la corona. Y de pronto, llega un jovenzuelo con una carta y le dice: "¡Chao, trono! Ahora me toca a mí". Pues claro que le va a costar un mundo dejarlo ir.

Pero también es verdad que hay gente que se lo toma con filosofía y da un paso al costado sin mayores dramas. Lo ven como una señal de que ha llegado el momento de dedicarse a otras cosas, de explorar nuevos horizontes, de invertir tiempo en esos proyectos personales que les permiten realizarse en ámbitos más íntimos. Gente que prioriza su paz mental y su bienestar por encima de la seducción del poder. ¡Y bien por ellos!  A disfrutar la vida lejos de las responsabilidades del poder, que puede ser muy absorbente.

Pero luego están los otros, los que se resisten con uñas y dientes a renunciar, a ser reemplazados, a soltar las riendas. Los que piensan que sin ellos el mundo se va a desmoronar, que nadie más puede hacer el trabajo tan bien como ellos. Los que confunden el poder con su propia identidad. ¡Esos son los que me dan más pena, la verdad! Porque al final, el poder es efímero. Hoy estás en la cima, mañana... quién sabe.

Y lo que me parece aún más triste es cuando esa gente recurre a tácticas cuestionables, a triquiñuelas para recuperar el poder en caso de haberlo perdido, o para retenerlo a toda costa, aunque las señales indiquen claramente que deberían dejarlo ir, ya sea por descontento "popular" (entre comillas, ¡ojo!) o porque el tiempo por el cual se les concedió ya ha expirado. Pero no, dan la batalla hasta el final, recurriendo a campañas de desinformación, desprestigio contra los posibles sucesores… ¡Qué espectáculo más lamentable!

Es una lástima, porque pareciera que no conciben la vida de otra manera. Como si el poder fuera lo único que les da sentido, lo único que les define. Y eso, amigos míos, es una cárcel. Una cárcel dorada, quizás, pero cárcel, al fin y al cabo.

En mi opinión, el único poder por el que vale la pena luchar y conservar es el de ser dueño de uno mismo, la libertad de decidir quién quiero ser, que tipo de persona quiero ser. Aunque la libertad absoluta, como tal, es un eufemismo, pues a mi parecer la libertad está condicionada a nuestras responsabilidades mundanas. El único poder intransferible es el de ser uno mismo. Claro que ser uno mismo no significa ir por el mundo soltando barbaridades, proclamando supuestas verdades que hieren, y teniendo actos descorteses u ofensivos, con la excusa de que eso es ser auténtico. Pero ese es tema para otro blog.

Por ahora, los invito a escuchar el final de este cuento y a prepararnos, porque estoy segura de que nuestra amiga la sultana Scherezade tiene muchas más historias fascinantes para contarnos.

https://open.spotify.com/episode/34XMR1ytHRsmRJx6Dmxn1U?si=-i8aTdRoQ2i-eC9yKolWrQ

Y ahora sí, la pregunta del millón: ¿ustedes qué opinan? ¿Es fácil ceder el poder? ¿Conocen a alguien que se aferra a su puesto como si fuera lo único que le da valor? ¡Cuéntenme sus experiencias en los comentarios! Me encantaría saber qué piensan sobre este tema. ¡Se vienen más sorpresas y emociones! ¡Hasta la próxima! 

lunes, 3 de noviembre de 2025

83- La historia de Dulce Amiga y Alí-Nadur (continuación)


¡Hola a todos y feliz inicio de semana! ¿Cómo andamos? Espero que con la pila bien puesta porque esta semana sigue nuestra aventura con el podcast de "Los Cuentos de las Mil y Una Noches". ¡Y vaya que la historia de Ali-Nadur y Dulce Amiga nos tiene enganchadísimos! Si aún no le han dado una escuchada, ¡corran a hacerlo! Se están perdiendo de una joya.

En especial, el episodio de hoy... ¡ufff! No les voy a spoilear (bueno, un poquito sí) pero prepárense para saber qué tal le va al mismísimo califa Harun-Al-Rashid. ¡Se disfrazó de pescador! Sí, sí, como lo leen. El califa, con todo su poder y majestad, decidió convertirse en... ¡un pescador! Todo para colarse en la velada que nuestros jóvenes están disfrutando con el jeque Ibrahim. ¡Y lo mejor de todo es que nadie lo reconoce!, bueno esa era la idea después de todo. No ser reconocido, para poder enterarse de que está sucediendo realmente. Me recuerda un programa de televisión, creo que se llamaba "El jefe incógnito" o algo así, donde un jefe se disfrazaba de empleado común para ver cómo funcionaba su empresa desde abajo. ¿Alguien más lo vio?

Pero volviendo a nuestra historia, que está mucho más interesante que cualquier reality show. Después de todo el estrés y los peligros que vivieron en Basora, Ali-Nadur y Dulce Amiga finalmente están teniendo un respiro. Un momento de paz, relajación, buena compañía y comida deliciosa. ¡Se lo merecen! Pero claro, la tranquilidad nunca dura mucho en estas historias, ¿verdad? Siempre hay una vuelta de tuerca, un giro inesperado, algo que lo complica todo. ¡Y eso es lo que nos mantiene pegados al podcast!

El episodio de hoy me dejó pensando en algo más allá de la pura aventura. Me hizo reflexionar sobre esa situación en la que alguien con una posición de poder, o simplemente con una ventaja, se cree con el derecho de decidir quién merece qué. Cuando ven que ciertos "premios”, beneficios o regalos están destinados a aquellos que menos tienen, y en un acto unilateral (y muchas veces egoísta) deciden redistribuirlos a su conveniencia. Obviamente, quedándose con la mejor parte para sí mismos. Incluso ello sucede en situaciones familiares, ¡qué fuerte!

Y ¡ay del que ose reclamar! ¡Pobre del que se atreva a cuestionar su decisión! Porque entonces desatan toda su furia, todo su enojo, e incluso pueden llegar a tomar represalias. Es una situación injusta, dolorosa y, lamentablemente, muy común. ¿Quién no ha visto algo así alguna vez?

¿Han vivido alguna situación similar? A mí me ha tocado presenciarlo alguna vez en la oficina, o haberlo escuchado en alguna conversación respecto a una situación familiar vivida por un conocido o cercano. Esos seres que se creen superiores y estiman que ellos merecen lo mejor dentro del sistema de distribución, ellos debieran ser privilegiados con lo mejor, pues estiman que aquellos que consideran menos, solo deben recibir lo que queda, lo menor calidad o lo que sobra. Es como si pensaran: "Yo lo valgo, tú no tanto".

¡Qué indignación! ¿verdad? Es que da rabia ver cómo alguien abusa de su posición para quitarle a otros lo que les corresponde. En la oficina, a veces no queda otra que armarse de valor y reclamar, recurrir a los superiores y denunciar que la persona encargada no está cumpliendo el objetivo de equidad o igualdad del beneficio a distribuir. Es un fastidio tener que llegar a eso, pero a veces es la única manera de que se haga justicia. En lo familiar es más complejo, y triste, saber que tienes un pariente que te menosprecia, ya sea por lazo político o biológico. En esos casos siempre hay cuitas pendientes o resentimientos difíciles de justificar, entender o explicar. A veces, la única opción es alejarse un poco para proteger nuestra propia salud mental.

Pero uno nunca debe cansarse de pelear por sus derechos, de hacerse respetar y hacer ver que uno sí importa. No importa si es en el trabajo, en la familia o en cualquier otra situación. ¡Nuestra voz cuenta! Y no debemos permitir que nadie la silencie.

Y hablando de voces ¿qué opinan del podcast? Logra transportarnos a ese mundo mágico de "Las Mil y Una Noches" con cada palabra.  Les dejo el enlace de esta semana a continuación:

https://open.spotify.com/episode/22dxEyl5fgeVx3p2lyr5sN?si=kPfqOfKmSqavFEfH5ifZKA

 

Los leo en los comentarios. Cuéntenme si se han sentido identificados con esta reflexión y cómo han lidiado con situaciones similares. Mientras tanto, ¡sigamos disfrutando de las aventuras de Ali-Nadur y Dulce Amiga, y esperemos que la verdad salga a la luz pronto! ¡Hasta la próxima! Y recuerden: ¡a escuchar el podcast! 😉 

lunes, 27 de octubre de 2025

82- La historia de Dulce Amiga y Alí-Nadur (continuación)


 ¡Mis queridos seguidores, oyentes y lectores de este blog y del podcast de las Mil y Una Noches!

Continuamos hoy con la fascinante historia de Alí Nadur y Dulce Amiga, quienes, como recordarán, han llegado a Bagdad huyendo de la ira del sultán de Basora, influenciado por las viperinas palabras de su visir El-Mohín. ¡Qué culebrón!

Pero lo que hoy me tiene pensando es otra cosa. Hemos descubierto que el jeque Ibrahim no solo mintió sobre la posesión del jardín y el palacio de las Pinturas, sino que además ¡fingió su abstinencia alcohólica! Resulta que el hombre es un bebedor de cuidado, aunque lo oculta por la vergüenza de lo que pudieran pensar nuestros protagonistas. Y esto, mis amigos, me lleva a reflexionar sobre un tema universal: los placeres culpables.

Todos tenemos uno, ¿verdad? Es ese pequeño gusto que nos damos a escondidas, esa actividad que disfrutamos en silencio, temiendo el juicio ajeno. ¿Cuál es el mío? Preparados… allá va: ¡ver series coreanas subtituladas! Sí, lo confieso. De alguna manera, estas series han venido a ocupar el lugar que en mi infancia y adolescencia ocupaban las novelas románticas de Corin Tellado o Mario Santander. Recuerdo que mi madre me incentivaba a leerlas. Ella, a su vez, devoraba novelas del inspector Maigret o Hercules Poirot, e íbamos juntas a una tienda de intercambio de revistas y novelas. Pero claro, estudiando en un colegio de monjas, este tipo de lecturas no eran precisamente "bien vistas" en nuestro entorno social. Era un placer culpable en toda regla.

Y es que los placeres culpables, ¡ojo!, no son necesariamente algo negativo. De hecho, muchas veces son un verdadero salvavidas para nuestra salud mental y emocional. Nos dan esa pequeña gratificación que nos hace sentir bien, que nos reconecta con nosotros mismos.

¿Por qué le ponemos la etiqueta de "culpable"? Porque, teóricamente, tiene una connotación negativa ante los demás, e incluso ante nosotros mismos. Son esas actividades que disfrutamos en privado y que nos da vergüenza admitir en público. También puede ser que sean actividades o acciones que en nuestro círculo social o familiar no son aceptadas. ¡La hipocresía está a la orden del día!

Los placeres culpables pueden ser de lo más variados: desde comidas (un atracón de chocolate a medianoche), hasta libros, pasando por un tipo de música (ese reggaetón que te hace bailar a escondidas), programas de televisión (sí, estoy hablando de esos realities que tanto criticas pero que ves religiosamente) o películas. En resumen, son gustos que a otros les pueden parecer frívolos o, peor aún, ¡de gusto reprochable!

Pero debemos aceptar que hay un goce intrínseco en esa "culpa", y es liberador hacernos responsables de esos pequeños placeres. A mí, por ejemplo, me encantan los bombones de licor, y confieso que no me gusta nada compartirlos, ¡ni que me los pidan! Y sí, me encantan algunos actores asiáticos, ¿y qué?

Así que, mis queridos lectores, ¡disfrutemos abiertamente de aquellas cosas que nos causan placer! No nos escondamos, no nos avergoncemos (siempre y cuando, obviamente, no se trate de un vicio pernicioso para nuestra salud, nuestra economía y que cause dolor y preocupación a nuestra familia y amigos, ¡ojo ahí!). Dejémonos llevar por esos pequeños gustos que nos alegran el día, que nos hacen sentir vivos. ¡La vida es demasiado corta para privarnos de lo que nos hace felices!

Espero que disfruten el capítulo de esta semana, y del blog que nace de la inspiración de cada episodio.

https://open.spotify.com/episode/7x0oxBV3VnnKe0BqiGkKHV?si=tmdEdxEaSsWktz-1JeLY1g

 

¿Y ustedes? ¿Cuáles son sus placeres culpables? ¡Los leo en los comentarios! Anímense a compartir, ¡quizás descubramos que compartimos más de un gusto prohibido! ¡Hasta la próxima entrega de las Mil y Una Noches!

lunes, 20 de octubre de 2025

81- La historia de Dulce Amiga y Alí-Nadur (continuación)

 


¡Que rico! Ya ha pasado una semana y nos volvemos a encontrar para saber qué nos trae el episodio de hoy del podcast de las Mil y Una Noches, con la historia de Dulce Amiga y Ali-Nadur. Pero antes de sumergirnos en ese mundo mágico, quiero compartir una reflexión inspirada en una situación que, me atrevo a decir, a todos nos ha pasado alguna vez: cuando alguien se arroja el mérito por ideas, trabajos o proyectos que no son suyos.

¿A quién no le ha pasado, me pregunto yo? Verbalizas una idea brillante, organizas una sorpresa que te ha costado semanas planificar, sacas adelante un proyecto que parecía imposible, o simplemente propones una solución ingeniosa. Y, de repente, te enteras o ves con tus propios ojos que el mérito se lo está llevando otra persona. ¡Y ni siquiera se arruga! Acepta las alabanzas con una sonrisa radiante y no tiene el más mínimo pudor de indicar que ha sido un trabajo de equipo. Es lo menos que uno esperaría, ¿no? Nop, no dice nada de nada, sino que se limita a sonreír con falsa modestia. ¡Qué rabia!

A mí me ha pasado, más de una vez. Y he tenido que sonreír hipócritamente, claro, porque igual está bien feo decir "¡Oye, ese es mérito mío, y no de ese farsante!". Aunque a veces, no siempre, en particular cuando hay que fundamentar la validez del proyecto, compartir una fórmula o receta, la persona usurpadora, aunque sea el jefe, te mira con cara de "habla, expone, explica," tú te encoges de hombros y dices, “no sé, a ti se te ocurrió, tú sabrás que te inspiró, y por qué” y uno vuelve a sonreír con cara de inocencia fingida. Es como un juego, una pequeña venganza intelectual.

Sí, a veces es necesario ser malita, malosa, porque el riesgo que corren esos que se apropian de las ideas y el trabajo de otros es que no pueden entrar en tu mente, ni copiar lo que te mueve, lo que te inspira, tu Know How. Eso es tuyo, intransferible. Y ahí está el verdadero poder.

Lo triste es que existen ocasiones, cuando se descubre que en realidad la persona en cuestión se estaba arrojando méritos que no le correspondían, tú ya no estás, y el proyecto ha fracasado, la receta no ha funcionado, y tampoco han sabido arreglar el entuerto por falta de Know How. Y si, es una pena, porque uno crea desde el amor, usa arte y ciencia, experiencia, creatividad e inspiración, y uno tiene su corazoncito y obvio que no quiere que falle, pero tuviste que soltar en el momento que te lo arrebataron. Es como si la energía vital del proyecto se hubiera ido contigo.

En fin, así es la vida. Siempre habrá personas que se apropien de las ideas ajenas. Y ojo, no hablo de inspirarse en ideas ajenas, que es completamente válido y de hecho, fundamental para el crecimiento. Hablo de aquellos que se declaran autores y creadores de lo que en realidad es de otros. Es una forma de robo, simple y llanamente.

Así que, la próxima vez que te encuentres en esta situación, recuerda: tu know-how es tu mayor tesoro. Sonríe, sé un poco malita si es necesario, y sigue creando con pasión. Porque al final, la verdad siempre sale a la luz. Y mientras tanto, ¡a disfrutar del nuevo episodio de Las Mil y Una Noches! ¿Qué aventuras nos esperarán hoy? ¡No se lo pierdan!

Te dejo el enlace de esta semana:

 

https://open.spotify.com/episode/12zRZzHIEeXv8eyb3T23HK?si=-6LTP3lWQqigN4TokcD8Rg

 

Cuéntame ¿te ha sucedido?, ¿cómo te has sentido? ¿Qué opinas de ese tipo de persona?, me encantaría conocer tus experiencias, nos encontramos la próxima semana, para seguir esta interesante historia

lunes, 13 de octubre de 2025

80.- La historia de Dulce Amiga y Alí-Nadur (continuación)


¡Hola a todos mis lectores, oyentes y fieles seguidores de este humilde blog! Aquí me tienen de nuevo, lista para compartir las ideas descabelladas que me asaltan el cerebro. ¿La culpable? ¡La lectura y grabación de cada episodio del podcast “Los cuentos de las Mil y Una Noches”! Esa joya literaria es un hervidero de ideas, y mi cerebro no puede evitar explotar en mil direcciones diferentes.

Y hablando de explosiones, la cosa no pinta nada bien para nuestros protagonistas, ¿verdad? La bellísima persa y Alí-Nadur están en una situación más que delicada. El visir El-Mohín, que se siente burlado, humillado, ¡frente a todos los mercaderes! Ha sido vapuleado y para colmo, ¡nadie salió en su defensa! Al contrario, ¡todos presenciaron el numerito con complacencia!

Pero la cosa no termina ahí, ¡no señor! El visir, cual bicho venenoso, se arrastró hasta el sultán y tergiversó los hechos a su conveniencia. ¡Qué nivel de caradurismo! Resulta que Dulce Amiga, según él, es la esclava que había encargado el sultán al padre de Alí-Nadur. El padre, en lugar de entregarla al soberano, ¡se la regaló a su hijo! ¡Menudo lío! El sultán, como era de esperarse, está furioso por el engaño y, por supuesto, por el maltrato. ¡Drama, drama y más drama! ¿No les parece que esta historia tiene un no sé qué de "ya lo he vivido antes"?

Todo este embrollo me hizo click en la cabeza y me trae a la mente una historia que se repite más de lo que quisiéramos: la de esas personas malintencionadas que retuercen la realidad para salir impunes (o peor aún, ¡para sacar provecho!). Ya habíamos rascado este tema en un blog anterior, pero es que da para rato, ¿verdad? Es que los encontramos en todos lados: ya sea cercanos a las fuentes de poder, en el trabajo, en un amigo, ¡hasta en un pariente!

Creo que todos, en algún momento de nuestras vidas, nos hemos topado con una de estas "joyitas". Esa persona poco grata que intenta sacar tajada de una situación. Y cuando las cosas no le salen como esperaba, explota en una furia digna de volcán en erupción. Y si encima se encuentra con resistencia y ve su ego hecho trizas, ¡agárrense!, porque ahí viene el contraataque. Corre a acusar, a denunciar, se pone en el papel de víctima ultrajada y expone la situación de una forma tan retorcida que resulta casi imposible defenderse. ¡Son unos verdaderos artistas del engaño!

Es como si tuvieran un manual de instrucciones para manipular a la gente. Primero, crean el caos. Luego, se hacen las víctimas (lloriqueos incluidos). Y finalmente, señalan al culpable (que, por supuesto, ¡eres tú!). Es una táctica tan vieja como el mundo, pero que lamentablemente sigue funcionando. ¿Por qué? Porque apelan a nuestras emociones, por un lado, al ego de la persona ante quien están haciendo la acusación, haciéndole creer que la ofensa y el engaño, también les toca, y claro así quien no estalla en enojo. ¡Es una jugada maestra, lo admito!

Pero ¡ojo!, no todo está perdido, porque como dice el dicho, la mentira tiene las patitas cortas, y asumamos que también el engaño. En estas situaciones tan turbias, por fortuna, siempre existen esos ángeles guardianes que han presenciado el evento en cuestión. Esas personas que te conocen de verdad, que saben cómo eres y cómo es la supuesta "víctima". ¡Ellos son los mejores aliados que puedes tener! Su testimonio, su conocimiento de la verdad, es tu mejor arma para combatir la manipulación y la injusticia. No los subestimes.

Porque al final, la verdad siempre sale a la luz. Aunque a veces tarde un poco, siempre termina imponiéndose. Y aunque el camino sea difícil y lleno de obstáculos, no debemos rendirnos. Debemos luchar por nuestra verdad, por nuestra reputación y por la justicia. ¡No dejemos que nos pisoteen!

Así que ya saben, mis queridos lectores: ¡ojo avizor! No se dejen engañar por las apariencias. Desconfíen de aquellos que se hacen las víctimas a toda costa. Y recuerden que la verdad, aunque a veces duela, es el único camino hacia la libertad. ¡No lo olviden jamás!

Así que, a disfrutar del episodio de hoy, les dejo el enlace a continuación:

https://open.spotify.com/episode/5tM5yniJN5w0Y2v51BAufa?si=pPZ94xWXTbGOTEgPjVymBA

Y ahora, cuéntenme, ¿ustedes han vivido alguna situación similar? ¿Conocen a alguien que haya intentado manipularlos o acusarlos injustamente? ¡Compartan sus historias en los comentarios! ¡Me encantaría saber qué piensan! ¡Hasta la próxima, y que la verdad los acompañe! 

T2-E1- El rey Hassan y la hija del rey de los genios (continuación)

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