¡Hola a todos mis queridos lectores y
oyentes del podcast de Las Mil y Una Noches! 📃📜 ¡Tengo
novedades jugosas para ustedes! El episodio de hoy viene con un giro de
aquellos, ¡de los que te dejan pensando un buen rato! Así que, como siempre, se
los recomiendo muchísimo. 😉 (Encuentran el enlace al final, ¡no se me
arranquen!)
Y hablando de pensar, este episodio me
dejó dándole vueltas a algo que parece ser más atemporal que los jeans: el
respeto. Sí, señoras y señores, ese valor que parece tan simple pero que a
veces brilla por su ausencia. El ser tratado con respeto, que se nos tenga en
consideración sin importar nuestro sexo. ¡Parece básico, pero no lo es!
Y es que, a pesar de que vivimos en
pleno siglo XXI (¡con autos eléctricos, drones y viajes al espacio!), existe una experiencia
común y frustrante para muchas mujeres que ilustra un sesgo de género que,
lamentablemente, sigue vivito y coleando en nuestra sociedad. Y ni hablar de la
presión que sienten algunos hombres de tener que ser ultra-masculinos, fuertes,
resolviendo todo... ¡Uf! ¡Cuánta carga!
Me refiero a ese momento en que el
interlocutor (ya sea un vendedor con ganas de engrupir, un gásfiter que parece
que te está haciendo un favor, un compañero de oficina que cree que sabe más
que tú, etc.) asume que el hombre que acompaña a una mujer tiene más autoridad,
conocimiento o poder de decisión. ¡O sea! Esto ocurre incluso cuando la mujer
es quien está a cargo de la situación, quien consulta, quien está pagando y
quien, básicamente, tiene todo bajo control. 🤦♀️ ¿De verdad, gente?
¿Y qué me dicen de esas reuniones que
parecen sacadas de un sketch de comedia? Una ha pedido ser la líder del grupo o
directamente lo es, y la comunicación con el cliente o consultante se dirige
exclusivamente al hombre. ¡Como si una fuera incapaz de tener los conocimientos
técnicos necesarios o, simplemente, incapaz de comprender una palabra de lo que
se está hablando! 🙄 Es como si tuvieras un letrero gigante en la frente
que dice "Adorno decorativo, no molestar".
Muchas veces esto obliga a una a
interponerse y decir, con toda la calma del mundo (o no tanto, admitámoslo 😉),
“Disculpa, pero por favor, respóndeme a mí”, porque yo fui quien hizo la
pregunta, yo soy la que necesita la respuesta y yo soy la que va a tomar la
decisión. Claro, si lo dice una, a veces suena agresivo, ¡pero es totalmente
necesario para lograr una dinámica de interacción, de respeto y de poder equilibrada! Y sí, hablo de poder,
no de aplastar a nadie ni de gritar a los cuatro vientos que eres la más
"power", sino de no ser ignorada estando presente. 👊 ¡De
existir, básicamente!
Estos sesgos no solo son incómodos a
nivel personal, ¡sino que también tienen consecuencias prácticas reales! Pueden
llevar a que las mujeres reciban peores tratos, presupuestos infladísimos, que
las “mijiteen”, o que sean subestimadas en sus capacidades de negociación. ¡Y
eso, mis amigos, no es justo! 😡 ¡Ni tantito así!
Afortunadamente, existe una mayor
conciencia pública sobre estos comportamientos, lo que permite que cada vez más
mujeres (y la sociedad en general) identifiquen y desafíen estas actitudes
machistas cuando ocurren. ¡Es importante alzar la voz, aunque a veces te
tiemblen las rodillas! 📣 No nos quedemos calladas, ¡tenemos mucho que
decir!
Aún escuchamos a mujeres quejarse de
que, de haber estado su marido, padre, hermano o un amigo presente, de seguro
no habrían tratado de engañarlas o no habrían recibido respuestas insolentes,
tratos paternalistas o condescendientes. Es increíble que sigamos escuchando
esto en pleno siglo XXI, ¿verdad? 🤯 ¡Parece un chiste de mal gusto!
Pero para ser justos, la cosa no es solo
contra las mujeres. También existen sesgos de género que afectan negativamente
a los hombres. Como esa idea de que deben ser fuertes como robles, reprimir sus
emociones a toda costa, no mostrarse vulnerables ni por un segundo y ser el
principal proveedor, el que trae el pan a la mesa. ¡Todas estas son presiones
innecesarias y dañinas! 😔 ¡Dejemos que los hombres lloren si tienen
ganas! ¡Dejemos que sientan!
No sé en otros lugares, pero aún a veces
se escucha (y tanto de hombres como de mujeres) gritarle a alguien como si
fuera gracioso: “¡Es niñita, es niñita!” por mostrarse sensible ante cierta
situación, o haber desistido de ejercer una actitud riesgosa. ¡Como si tener
cuidado fuera sinónimo de debilidad!, eso también es falta de respeto.
En fin, ¿qué opinan ustedes? ¿Han vivido
experiencias similares? ¡Me encantaría leer sus comentarios y reflexiones! 👇
¡No se corten! Cuéntenme sus anécdotas, desahóguense, ¡lo que necesiten!
Mientras le dan vuelta al asunto, les
dejo el enlace del episodio de esta semana.
https://open.spotify.com/episode/2jcl5fdLKVMbetenqjZAnE?si=QAF8HcDHTkmwNjQ14z3Tfw
Compartan sus historias y sigamos
conversando sobre este tema tan importante. ¡Hasta la próxima! ¡Y recuerden, el
respeto empieza por uno mismo! 👋
