¡Cómo se encuentran mis queridísimos lectores de este blog y oyentes del podcast "Las mil y una noches"! 👋📚✨
Por acá, su servidora, ¡sintiendo
compasión por Abdul Hassan y con la motivación a tope para seguir grabando 🎙️para
ustedes y leyendo para saber cómo sigue la historia! Y, por supuesto, cómo
culminará. ¡Así que atentos al podcast de hoy, cuyo enlace está un poquito más
abajo!
El episodio de hoy, queridos
amigos, me ha llevado a reflexionar sobre algo que, seamos sinceros, es más
común entre nosotros los humanos que el café de la mañana: ¡tropezar con la
misma piedra🪨! Y es que, a veces, es por un descuido
tonto, pero otras, por más cuidadosos que intentemos ser, ¡zas!, volvemos a
caer. Y claro, esto, a mi humilde parecer, se da exclusivamente en las
relaciones humanas. ¡Si hasta Julio Iglesias le dedicó una canción romántica
que se llama “Con la misma piedra”! ¿Será que el buen Julio también tenía lo
suyo? 😉
Ahora, la gran pregunta del
millón es: ¿por qué hacemos eso, si sabemos que nos causa daño? ¡Uf! Las
razones son tantas y tan variadas como los calcetines desparejados que tengo en
mi cajón. A veces, es porque no aprendemos de nuestros errores. Otras, porque
somos optimistas empedernidos y creemos que podemos cambiar lo inamovible (¡ay,
la esperanza!). También puede ser por costumbre, porque "más vale malo
conocido que bueno por conocer" (¡qué frase tan traicionera!). Y, seamos
honestos, a veces simplemente no le metemos las suficientes neuronas a lo que
estamos haciendo. ¡Nos dejamos llevar y punto!
Claro, no es fácil entrenar a
nuestro cerebro. ¡Es como intentar enseñarle a un gato a pasear con correa! Es
difícil, especialmente si nos dejamos llevar por las emociones. A veces,
incluso cuando nos advierten, cuando nos dicen "cuidado, que te va a pasar
lo mismo", nosotros, con una sonrisa de oreja a oreja, decimos: "¡No,
no, no! ¡Ahora es diferente! ¡Ahora sí que va a salir todo bien!". Y la
cruda realidad es que, a la larga, no sucede así. ¡Bum! Otra vez con la misma
piedra.
Y es que, si hacemos siempre lo
mismo, el resultado, por pura lógica universal, será el mismo. Porque, queridos
míos, quien tiene que cambiar es uno. Aceptar que la falla no siempre es
externa, que a veces la "piedra" es una creación propia. ¡Ojo! Con
esto no quiero decir que debamos castigarnos y culparnos hasta el cansancio.
¡Para nada! Lo que quiero decir es que aprendamos a no culpar a la piedra.
Aprendamos a ser fuertes, a evitarla, a bordearla, o mejor aún, ¡a tomarla y
tirarla bien lejos! (Me refiero a la piedra, claro, no a las personas...
¡aunque a veces den ganas!).
¡Y aquí viene el tip de oro!
Conversar ayuda muchísimo. A veces, solo el hecho de verbalizar lo que nos
pasa, de escuchar distintas opiniones, de conocer experiencias de personas que
han vivido situaciones similares y que, finalmente, pudieron superarlas... ¡eso
nos inspira! Saber cómo lo hicieron, cómo se sintieron, nos da una luz, una
guía para no sentirnos tan solos en este camino de "tropezar y
aprender".
Así que, ¡ánimo! A no rendirse.
Fuerza, tú puedes. Todos tenemos nuestras piedras en el camino, pero lo
importante es cómo reaccionamos ante ellas.
¡Me encantaría leer sus
experiencias en los comentarios! ¿Cuál ha sido su "piedra" más
recurrente? ¿Cómo la superaron? ¡Soy toda oídos (y ojos)! Y para seguir
disfrutando de esta increíble historia que nos tiene a todos pegados, aquí les
dejo el enlace:
https://open.spotify.com/episode/6qUHNrgWXXDUOQyKYud4q5?si=6Ba5eLj2QUuDMgRdm4x2JQ
¡Hasta la próxima, mis queridos! 🤗
Que tengan una semana espectacular. Y si les gustó este post, ¡compártanlo con
sus amigos y en sus redes! ¡Nos vemos! 🚀

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