lunes, 6 de abril de 2026

105.- La historia de Simbad el marino – Primer viaje


 ¡Hola a todos, mis queridos lectores de "Cómo sobrevivió Scherezade" y leales escuchas del podcast "Los cuentos de las mil y una noches"! 👋📖📚

Hoy nos embarcamos en las increíbles aventuras de Simbad el marino, ¡si la memoria no me falla, son siete viajes llenos de peligros y maravillas! Ya saben cómo va la cosa por aquí, este blog, amigo fiel de las historias que Scherezade le cuenta a su esposo, el sultán Shariar, con la ferviente esperanza de evitar una ejecución mañanera. ¡Y oye, la cosa pinta cada vez mejor! Ya llevan más de un año casados, ¡todo un logro si consideramos que el sultán tenía la costumbre de despedirse de sus esposas al amanecer con una decapitación! En fin, como siempre, al final de esta página encontrarán el enlace directo al podcast para que se sumerjan de lleno en el relato.

Lo que detona el relato de este primer viaje de Simbad es el lamento de un humilde mandadero, quien, al comparar su dura vida con la aparente opulencia de Simbad, nos pone a reflexionar sobre una verdad universal: ¡cuántas veces vemos el jardín del vecino más verde, sin darnos cuenta de la realidad que se esconde detrás de esa fachada brillante!

Es que es inevitable, ¿verdad? Caemos en eso una y otra vez. En muchas ocasiones, hablando metafóricamente, si uno se anima a preguntar “¿Oye, por qué tu pasto se ve tan verde?”, descubrirá que detrás de esa envidiable apariencia a veces hay un enorme esfuerzo, sacrificios silenciosos, inversiones considerables, tanto emocionales como psicológicas, o incluso renuncias que uno no estaría dispuesto a hacer. ¡No todo lo que reluce es oro, ni todo jardín verde es un paraíso sin espinas!

A ver, les cuento una anécdota. Me acuerdo de una experiencia laboral que tuve. Mi jefe me mandó a perfeccionar mi inglés champurreado (que en ese entonces era más "champurreado" que inglés) a Newark, Delaware, en pleno enero y febrero. ¡Quedó la tole tole! Para muchos, mi pasto se veía de un verde envidiable: "¡Uy, la mandaron a Estados Unidos a estudiar! ¡Qué suertuda!". Pero la realidad era que yo era una simple secretaria, y me estaba pagando parte del curso de mi propio bolsillo. Tuve que rascarme el bolsillo, ahorrar como loca y comprometerme a quedarme un año en la institución después de regresar del curso. ¡Mientras que, a los profesionales, les financiaban el 50% de los cursos de perfeccionamiento y solo tenían la obligación de permanecer tres meses en la empresa!

Lo curioso es que cuando les propuse esta oportunidad a mis compañeras y compañeros secretarios, ¡ninguno, absolutamente ninguno, estuvo dispuesto a financiar ni siquiera una pequeña parte del curso! Querían que se lo pagaran todo, que les regalaran la experiencia, sin sacrificar sus meses de enero y febrero (que en mi país son sinónimo de vacaciones de verano), ni quedarse un año trabajando. ¡Y tampoco estaban buscando activamente mejorar su situación en otro lugar!

Mi prado, en realidad, no era más verde que el de ellos. Simplemente, me ofrecieron una opción y la tomé, con todas las implicaciones que eso conllevaba: ahorrar, hacer sacrificios económicos para pagar parte del curso, el vuelo, la comida y el alojamiento. ¿Me arrepiento? ¡Ni un poquito! Aprendí un montón, crecí como profesional y, lo más importante, me demostré a mí misma que era capaz de alcanzar mis metas a pesar de los obstáculos. Fue un invierno frío 🥶, ¡pero valió la pena cada copo de nieve!❄️

Y ni hablar de las relaciones… ¡Oh, ¡quién no ha escuchado hablar de una relación matrimonial o laboral que parece sacada de un cuento de hadas! Uno se pregunta: "¿Cómo lo hacen? ¿Cómo les va tan bien?", sobre todo cuando a uno le cuesta tanto mantener las cosas a flote. Y un buen día, ¡zas!, te enteras de que no todo era miel 🍯sobre hojuelas. Que el matrimonio tenía problemas serios, que la relación laboral era mucho más demandante que la del resto de los compañeros, que detrás de esa fachada perfecta se escondían sacrificios y renuncias.

Ahora, ¡que tire la primera piedra quien no ha sentido que la vida a veces es un tantito injusta al compararnos con lo que creemos ver en el otro! Todos, en algún momento, hemos caído en la trampa de comparar nuestras vidas con las de los demás, olvidando que cada uno libra sus propias batallas y que la grama del vecino, aunque parezca más verde, ¡puede estar teñida con mucho esfuerzo y dedicación! A veces, incluso, ¡puede ser pasto sintético! 😉😜

Así que amigos, aunque admiremos el pasto del vecino, valoremos lo que tenemos y de vez en cuando preguntemos que estamos dispuestos a hacer para tener un “pasto tan verde como la del vecino” puede que para lograr aquello que aparenta no valga la pena, para nosotros. No digo que no aspiremos a más, ¡claro que sí! Pero hagámoslo conscientes del precio real y valorando lo que ya hemos construido.

Así que démonos un auto abrazo. Sonriamos, 😃y digamos: "Mi jardín también es hermoso y lo quiero mucho". 😃 Porque al final, la felicidad no está en tener el jardín más verde, sino en disfrutar el que tenemos y cuidarlo con amor. 😍

A continuación, le dejo el enlace de esta semana, que espero les aliviane de las tensiones del día. 👇

https://open.spotify.com/episode/7zr5KVeIfQV5LeHK5WE7rt?si=IW0slUDzRXCD4S9IAJLG6w

¡Nos vemos en el próximo episodio del podcast! ¡Y no olviden dejar sus comentarios y sugerencias! ¡Me encanta leerlos y saber que me están escuchando del otro lado! ¡Un abrazo enorme!

No hay comentarios:

Publicar un comentario

105.- La historia de Simbad el marino – Primer viaje

  ¡Hola a todos, mis queridos lectores de "Cómo sobrevivió Scherezade" y leales escuchas del podcast "Los cuentos de las mil ...