¡Hola a todos, mis queridos lectores de "Cómo sobrevivió Scherezade" y leales escuchas del podcast "Los cuentos de las mil y una noches"! 👋📖📚
Hoy nos embarcamos en las
increíbles aventuras de Simbad el marino, ¡si la memoria no me falla, son siete
viajes llenos de peligros y maravillas! Ya saben cómo va la cosa por aquí, este
blog, amigo fiel de las historias que Scherezade le cuenta a su esposo, el
sultán Shariar, con la ferviente esperanza de evitar una ejecución mañanera. ¡Y
oye, la cosa pinta cada vez mejor! Ya llevan más de un año casados, ¡todo un
logro si consideramos que el sultán tenía la costumbre de despedirse de sus
esposas al amanecer con una decapitación! En fin, como siempre, al final de
esta página encontrarán el enlace directo al podcast para que se sumerjan de
lleno en el relato.
Lo que detona el relato de este
primer viaje de Simbad es el lamento de un humilde mandadero, quien, al
comparar su dura vida con la aparente opulencia de Simbad, nos pone a
reflexionar sobre una verdad universal: ¡cuántas veces vemos el jardín del
vecino más verde, sin darnos cuenta de la realidad que se esconde detrás de esa
fachada brillante!
Es que es inevitable, ¿verdad?
Caemos en eso una y otra vez. En muchas ocasiones, hablando metafóricamente, si
uno se anima a preguntar “¿Oye, por qué tu pasto se ve tan verde?”, descubrirá
que detrás de esa envidiable apariencia a veces hay un enorme esfuerzo,
sacrificios silenciosos, inversiones considerables, tanto emocionales como
psicológicas, o incluso renuncias que uno no estaría dispuesto a hacer. ¡No
todo lo que reluce es oro, ni todo jardín verde es un paraíso sin espinas!
A ver, les cuento una anécdota.
Me acuerdo de una experiencia laboral que tuve. Mi jefe me mandó a perfeccionar
mi inglés champurreado (que en ese entonces era más "champurreado"
que inglés) a Newark, Delaware, en pleno enero y febrero. ¡Quedó la tole tole!
Para muchos, mi pasto se veía de un verde envidiable: "¡Uy, la mandaron a
Estados Unidos a estudiar! ¡Qué suertuda!". Pero la realidad era que yo
era una simple secretaria, y me estaba pagando parte del curso de mi propio
bolsillo. Tuve que rascarme el bolsillo, ahorrar como loca y comprometerme a
quedarme un año en la institución después de regresar del curso. ¡Mientras que,
a los profesionales, les financiaban el 50% de los cursos de perfeccionamiento
y solo tenían la obligación de permanecer tres meses en la empresa!
Lo curioso es que cuando les
propuse esta oportunidad a mis compañeras y compañeros secretarios, ¡ninguno,
absolutamente ninguno, estuvo dispuesto a financiar ni siquiera una pequeña
parte del curso! Querían que se lo pagaran todo, que les regalaran la experiencia,
sin sacrificar sus meses de enero y febrero (que en mi país son sinónimo de
vacaciones de verano), ni quedarse un año trabajando. ¡Y tampoco estaban
buscando activamente mejorar su situación en otro lugar!
Mi prado, en realidad, no era
más verde que el de ellos. Simplemente, me ofrecieron una opción y la tomé, con
todas las implicaciones que eso conllevaba: ahorrar, hacer sacrificios
económicos para pagar parte del curso, el vuelo, la comida y el alojamiento.
¿Me arrepiento? ¡Ni un poquito! Aprendí un montón, crecí como profesional y, lo
más importante, me demostré a mí misma que era capaz de alcanzar mis metas a
pesar de los obstáculos. Fue un invierno frío 🥶, ¡pero valió la pena
cada copo de nieve!❄️
Y ni hablar de las relaciones…
¡Oh, ¡quién no ha escuchado hablar de una relación matrimonial o laboral que
parece sacada de un cuento de hadas! Uno se pregunta: "¿Cómo lo hacen?
¿Cómo les va tan bien?", sobre todo cuando a uno le cuesta tanto mantener
las cosas a flote. Y un buen día, ¡zas!, te enteras de que no todo era miel 🍯sobre hojuelas. Que el matrimonio tenía
problemas serios, que la relación laboral era mucho más demandante que la del
resto de los compañeros, que detrás de esa fachada perfecta se escondían
sacrificios y renuncias.
Ahora, ¡que tire la primera
piedra quien no ha sentido que la vida a veces es un tantito injusta al
compararnos con lo que creemos ver en el otro! Todos, en algún momento, hemos
caído en la trampa de comparar nuestras vidas con las de los demás, olvidando
que cada uno libra sus propias batallas y que la grama del vecino, aunque
parezca más verde, ¡puede estar teñida con mucho esfuerzo y dedicación! A
veces, incluso, ¡puede ser pasto sintético! 😉😜
Así que amigos, aunque
admiremos el pasto del vecino, valoremos lo que tenemos y de vez en cuando
preguntemos que estamos dispuestos a hacer para tener un “pasto tan verde como
la del vecino” puede que para lograr aquello que aparenta no valga la pena,
para nosotros. No digo que no aspiremos a más, ¡claro que sí! Pero hagámoslo
conscientes del precio real y valorando lo que ya hemos construido.
Así que démonos un auto abrazo.
Sonriamos, 😃y digamos: "Mi jardín también es hermoso
y lo quiero mucho". 😃 Porque al final, la
felicidad no está en tener el jardín más verde, sino en disfrutar el que
tenemos y cuidarlo con amor. 😍
A continuación, le dejo el
enlace de esta semana, que espero les aliviane de las tensiones del día. 👇
https://open.spotify.com/episode/7zr5KVeIfQV5LeHK5WE7rt?si=IW0slUDzRXCD4S9IAJLG6w
¡Nos vemos en el próximo
episodio del podcast! ¡Y no olviden dejar sus comentarios y sugerencias! ¡Me
encanta leerlos y saber que me están escuchando del otro lado! ¡Un abrazo
enorme!

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