lunes, 2 de marzo de 2026

100.- Las historia de los dos príncipes (Los hijos de Kamaralzamán), (continuación)


 ¡Hola, mis queridísimos lectores de "Cómo sobrevivió Scherezade" y fieles oyentes del podcast "Los cuentos de las mil y una noches"! 👋📖📚

Hoy quiero charlar con ustedes sobre la historia de esos dos príncipes que nos tienen con el corazón en la mano, Amjiad y Assad, hijos del buen Kamaralzamán. ¡Pobrecitos! 😔Y qué nobles que han resultado ser, ¿no les parece? Me pongo a pensar... ¿cuántas personas así de nobles y dispuestas a perdonar, incluso cuando son inocentes y la justicia les da la espalda, existen hoy en día? Es una pregunta que me carcome.

Nuestros jóvenes príncipes, después de tanto batallar y caminar por senderos 🛤️🚶 llenos de espinas, ¡por fin! han llegado a una gran ciudad. Pero claro, la cautela es amiga de la sabiduría, así que los hermanos decidieron que Assad fuera el encargado de averiguar de qué tipo de ciudad se trataba, mientras Amjiad lo esperaba pacientemente en la ladera de un monte. 🗻

Y aquí es donde la historia me lleva a reflexionar sobre un tema crucial: la solidaridad. Porque, fijémonos bien, mientras Assad, confiado (¡ingenuo, diría yo!), acepta la ayuda que le ofrece un desconocido que resulta ser un ser humano con tendencias... 😒digamos, poco recomendables; Amjiad, por su parte, se encuentra con la solidaridad pura y desinteresada de una persona que no solo le ofrece ayuda y asilo, sino que también le brinda protección. ¡Qué diferencia!

Y es que es así, amigos. En esos momentos en que uno se encuentra en una situación vulnerable, las defensas bajan, las alertas no suenan como deberían. ¿Por qué pasa esto? Pues, yo creo que es porque el peso de la desgracia es tan grande que nos obliga a buscar la solidaridad de los demás para poder salir adelante. Y es ahí, justo ahí, donde se acercan de todo tipo de personas. Están los aprovechadores, esos sinvergüenzas que no tienen el más mínimo pudor en aprovecharse del sufrimiento ajeno para quitarles lo poco o nada que les queda. ¡Qué rabia da! 😠Pero también están los otros, los que llegan sin conocernos de nada, a tendernos no una, ¡sino las dos manos, los brazos y hasta las piernas!, para lo que sea necesario.

La solidaridad, mis queridos, es un valor precioso que implica apoyo desinteresado, empatía y asertividad ante el sufrimiento y la desgracia ajena. Se manifiesta de mil maneras, a través de pequeños gestos cotidianos o de grandes iniciativas colectivas. Por eso digo que me da tanta rabia que aparezcan esos sinvergüenzas que ven en la vulnerabilidad una oportunidad para sacar provecho. ¡No hay derecho! En esos momentos, la confianza en el ser humano no debería ser minada, ¡sino fortalecida!

La solidaridad es trabajar en equipo, hombro con hombro, por un bien común. Es ayudar al que ha sido víctima de una desgracia, ya sea provocada por las fuerzas de la naturaleza o por otros motivos. Al final, se trata de un suceso devastador que requiere de nuestro apoyo.

Muchas veces uno se pregunta: "Pero ¿cómo puedo ayudar yo?". 🆘Y la respuesta es sencilla: a veces basta con ofrecer apoyo emocional, escuchar a un compañero o amigo que lo necesita, participar en campañas sociales, hacer una donación anónima, aunque sea pequeña (¡ojo!, centavo a centavo 🪙💵se juntan millones), defender a las víctimas de los abusivos y aprovechadores, ¡denunciándolos! No existe la colaboración insignificante, ¡todo suma! Cada granito de arena cuenta.

Y bueno, mis queridos lectores y oyentes, los dejo con la reflexión y con el enlace al episodio de esta semana, donde podrán seguir disfrutando de la historia de los hijos de Kamaralzamán. 👇

 

https://open.spotify.com/episode/5dZrNXLHSKEIm0hl37VnrF?si=_ZCnJzdkS_WwSLZWjzm6YQ

 

¡Los espero la próxima semana con más cuentos y reflexiones! 👋

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