¡Hola, mis queridísimos lectores de "Cómo sobrevivió Scherezade" y fieles oyentes del podcast "Los cuentos de las mil y una noches"! 👋📖📚
Hoy quiero charlar con ustedes
sobre la historia de esos dos príncipes que nos tienen con el corazón en la
mano, Amjiad y Assad, hijos del buen Kamaralzamán. ¡Pobrecitos! 😔Y qué nobles que han resultado ser, ¿no les
parece? Me pongo a pensar... ¿cuántas personas así de nobles y dispuestas a
perdonar, incluso cuando son inocentes y la justicia les da la espalda, existen
hoy en día? Es una pregunta que me carcome.
Nuestros jóvenes príncipes,
después de tanto batallar y caminar por senderos 🛤️🚶 llenos de
espinas, ¡por fin! han llegado a una gran ciudad. Pero claro, la cautela es
amiga de la sabiduría, así que los hermanos decidieron que Assad fuera el
encargado de averiguar de qué tipo de ciudad se trataba, mientras Amjiad lo
esperaba pacientemente en la ladera de un monte. 🗻
Y aquí es donde la historia me
lleva a reflexionar sobre un tema crucial: la solidaridad. Porque, fijémonos
bien, mientras Assad, confiado (¡ingenuo, diría yo!), acepta la ayuda que le
ofrece un desconocido que resulta ser un ser humano con tendencias... 😒digamos, poco recomendables; Amjiad, por su
parte, se encuentra con la solidaridad pura y desinteresada de una persona que
no solo le ofrece ayuda y asilo, sino que también le brinda protección. ¡Qué
diferencia!
Y es que es así, amigos. En
esos momentos en que uno se encuentra en una situación vulnerable, las defensas
bajan, las alertas⏰ no suenan como deberían. ¿Por
qué pasa esto? Pues, yo creo que es porque el peso de la desgracia es tan
grande que nos obliga a buscar la solidaridad de los demás para poder salir
adelante. Y es ahí, justo ahí, donde se acercan de todo tipo de personas. Están
los aprovechadores, esos sinvergüenzas que no tienen el más mínimo pudor en
aprovecharse del sufrimiento ajeno para quitarles lo poco o nada que les queda.
¡Qué rabia da! 😠Pero también están los otros, los que llegan
sin conocernos de nada, a tendernos no una, ¡sino las dos manos, los brazos y
hasta las piernas!, para lo que sea necesario.
La solidaridad, mis queridos,
es un valor precioso que implica apoyo desinteresado, empatía y asertividad
ante el sufrimiento y la desgracia ajena. Se manifiesta de mil maneras, a
través de pequeños gestos cotidianos o de grandes iniciativas colectivas. Por
eso digo que me da tanta rabia que aparezcan esos sinvergüenzas que ven en la
vulnerabilidad una oportunidad para sacar provecho. ¡No hay derecho! En esos
momentos, la confianza en el ser humano no debería ser minada, ¡sino
fortalecida!
La solidaridad es trabajar en
equipo, hombro con hombro, por un bien común. Es ayudar al que ha sido víctima
de una desgracia, ya sea provocada por las fuerzas de la naturaleza o por otros
motivos. Al final, se trata de un suceso devastador que requiere de nuestro
apoyo.
Muchas veces uno se pregunta:
"Pero ¿cómo puedo ayudar yo?". 🆘Y la respuesta es
sencilla: a veces basta con ofrecer apoyo emocional, escuchar a un compañero o
amigo que lo necesita, participar en campañas sociales, hacer una donación
anónima, aunque sea pequeña (¡ojo!, centavo a centavo 🪙💵se juntan millones), defender a las víctimas
de los abusivos y aprovechadores, ¡denunciándolos! No existe la colaboración
insignificante, ¡todo suma! Cada granito de arena cuenta.
Y bueno, mis queridos lectores
y oyentes, los dejo con la reflexión y con el enlace al episodio de esta
semana, donde podrán seguir disfrutando de la historia de los hijos de
Kamaralzamán. 👇
https://open.spotify.com/episode/5dZrNXLHSKEIm0hl37VnrF?si=_ZCnJzdkS_WwSLZWjzm6YQ
¡Los espero la próxima semana
con más cuentos y reflexiones! 👋

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